Titulares de El País

Mesura y desmesura en el Festival de Salzburgo

Johannes Martin Kränzle (Don Alfonso), Andrè Schuen (Guglielmo), Elsa Dreisig (Fiordiligi), Victoria Karkacheva (Dorabella) y Bogdan Volkov (Ferrando) en el montaje de ‘Così fan tutte’ de Mozart dirigido por Christof Loy.

Hay segundas partes que no sólo sí son buenas, sino que son mejores incluso que las primeras. Es el caso de la producción de Così fan tutte que hubo de improvisarse casi in extremis en Salzburgo en 2020 cuando la pandemia arrasaba todo cuanto encontraba a su paso. Se conmemoraba entonces el centenario del Festival de Salzburgo y las restricciones imperantes hicieron seriamente mella en las celebraciones previstas. Aun así, el genio teatral de Christof Loy logró imponerse por encima de todas las adversidades e imposiciones, incluida la de limitar la duración del último de los frutos nacidos de la colaboración entre Mozart y Lorenzo da Ponte a poco más de dos horas con el fin de evitar el intermedio y la consiguiente socialización entre los espectadores, cuyo número estaba asimismo fuertemente limitado por las restricciones de los aforos. Pero, aun cortándose entonces casi un tercio de la partitura, aquel Così dejó una huella profunda en quienes tuvieron el privilegio de disfrutarlo: con mascarilla y tras sortear sucesivos controles.

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Primer cambio de pareja: Andrè Schuen (Guglielmo) y Victoria Karkacheva (Dorabella) empiezan el juego de seducción en el segundo acto de ‘Così fan tutte’.Elsa Dreisig (Fiordiligi), sola, delante de la inmensa pared blanca de la escenografía de ‘Così fan tutte’ en el Grosses Festspielhaus de Salzburgo.La cantaora Amparo Cortés en la taberna de Lillas Pastia del segundo acto de ‘Carmen’ en el montaje de Gabriela Carrizo.Jonathan Tetelman (Don José) y Asmik Grigorian (Carmen) en el trágico desenlace del cuarto acto de la ópera.Olivier Latry tocando música de Messiaen en el órgano de la Franziskanerkirche de Salzburgo el viernes por la noche.Roberto González-Monjas y la Orquesta del Mozarteum agradecen los aplausos del público en el concierto matinal del sábado por la mañana.
Cultura en EL PAÍS

Nadav Lapid, cineasta israelí: “La gente de mi país estaba mentalizada para el genocidio en Gaza desde antes del 7 de octubre”

Yes!, del israelí Nadav Lapid, no es una película complaciente para ningún espectador. Su creador lo sabe. Pero lo que no esperaba es granjearse con ella la enemistad de casi todo el mundo. El filme, que puede verse en Filmin hasta el 24 de agosto como parte de la programación virtual del Atlántida Mallorca Film Fest, se ambienta en el Israel actual y gira en torno a la falta de conflicto moral que el director adjudica a la sociedad de su país.

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Cultura en EL PAÍS

Ver para no creer: cuando la fotografía deja de ser una prueba y se convierte en ficción

Tercera de una serie de ocho fotografías de una supuesta nave espacial, consideradas imágenes trucadas, firmadas por el suizo Billy Meier en 1975. Cedida por el artista.

La ballena yace sobre una lona azul, a los pies de un camión cargado de hielo. Parece una escena banal en cualquier mercado coreano, hasta que cobra un aire de cine de género: hay rastros de sangre sobre el animal y su cuerpo pálido, vencido sobre el asfalto, imprime a la imagen una violencia sorda. No es extraño que detrás de la cámara se encuentre Park Chan-wook, el magistral director de Oldboy y Decision to Leave, que expone por primera vez en Europa su faceta como fotógrafo, atravesada por esa mezcla entre lo cotidiano y lo ominoso que caracteriza también a su cine. En sus imágenes, un ramo de flores parece asfixiarse dentro de una funda de plástico. La mano de un maniquí surge de un radiador. Y basta entornar los ojos para que una hilera de parasoles cerrados se convierta en una inquietante procesión de fantasmas.

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'Puerto de Micho' (2013), de Park Chan-wook.'Block Party, Harlem, 1992', de Martine Barrat, expuesta en el Espacio Van Gogh de Arlés.
Cultura en EL PAÍS

Contra la desidia de las discográficas

Muy chirriante: las grandes discográficas, esas con décadas de historia y posición predominante en el mercado, suelen tener escasos miramientos con su archivo de grabaciones. A veces, el cambio de propiedad, la adquisición de catálogos ajenos, se resuelve con la conservación de los best sellers y el envío del resto al basurero. Años después, lo he comprobado, te pueden pedir tal disco y su portada para realizar una reedición. Asombra el vandalismo consuetudinario de las empresas que se supone custodian nuestro legado sonoro.

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Cultura en EL PAÍS

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